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Carl Rogers

(1902-1987)

Nació un 8 de enero en Oak Park, Illinois, Estados Unidos, en el seno de una familia fuertemente unida e influenciada por la religión. El estricto ambiente en el cual creció, repercutió de manera directa en el pensamiento de uno de los pioneros de la Teoría Humanista de la Personalidad, la cual encontró un camino próspero en el campo de la educación.

En un primer momento, trabajó con niños, su primer puesto fue en la Sociedad Rochester (Nueva York) para la prevención de la Crueldad con los niños, lugar donde trabajó con jóvenes delincuentes y pobres. Rogers se alejo de la corriente principal de la piscología, la cual se basaba en estudios de laboratorio de manera particular con animales, ya que se sentía más compatible con los trabajadores sociales participando activamente en sus organizaciones profesionales. Este autor, creía que a todos los seres humanos los motiva fuertemente un proceso dirigido al crecimiento, al que denominó la tendencia a la realización (Rogers, en  Cloninger, 2003).

Rogers (en Morris y Maisto, 2001), pensaba que la meta de la vida es alcanzar nuestro potencial innato, el cual se refleja idealmente en la imagen de nosotros mismos. Desde esta perspectiva todos somos personalmente responsables de nuestra vida y de su desenlace.

El concepto tendencia a la realización, es el punto crucial de todo el pensamiento de Rogers, con este término se alude al impulso biológico que caracteriza a todos los organismos (plantas, animales, humanos), en donde los individuos somos los únicos capaces de autorrealizarnos. Los sujetos que son capaces de autodirigirse son los que toman decisiones por sí mismos, a partir de lo que desean ser y serán, solo así se llega a ser pleno y consciente del contexto en el que vivimos y en consecuencia actuar en él.

Para Rogers los sentimientos son el móvil más importante para que las personas se desarrollen plenamente. De acuerdo a esto, una formación plena o funcionamiento óptimo dependerá de las experiencias que se tengan al interactuar con los otros. Éstos últimos juegan un papel importante para que los sujetos sean plenos, ya que sólo aprecian y aceptan algunas características de las personas. Por lo que los otros –familia, amigos, profesores- modifican indudablemente el significado que lleguemos a tener o no de nosotros mismos.  Es por ello que este autor insiste en la necesidad de aprender a pensar, porque ya los conocimientos están en todos lados, a veces con mayor profusión en la escuela misma.  Al respecto Arechavala (2003), menciona que Rogers delinea objetivos en lo que a la escuela se refiere,  de la siguiente manera:

– Tratar de crear en la clase un clima de confianza que permite nutrir y acrecentar la curiosidad y el deseo natural de aprender.
– Alentar una modalidad coparticipativa en la adopción de decisiones en todos los aspectos del aprendizaje, en la que investiga los estudiantes, el cuerpo docente y las autoridades.
– Ayudar a los estudiantes a valorarse y a adquirir confianza y autoestima.
– Revelar el entusiasmo que produce todo descubrimiento intelectual y emocional, lo cual despierta en los alumnos el interés por la formación permanente.
– Desarrollar en los profesores aquellas actitudes que la investigación ha señalado como más eficaces para favorecer el aprendizaje.
– Ayudar a los profesores a evolucionar como personas y a encontrar satisfacción plena en su interacción con los alumnos.
– Y con mayor profundidad todavía, a contribuir a que se tenga conciencia de que, para todos nosotros, el buen vivir es algo interior y no depende de causas externas.

Sus principales obras:

– El tratamiento clínico de los niños difíciles (1939).
– Psicoterapia y relaciones humanas (1942).
– Psicoterapia centrada en el cliente (1951).
– El proceso de convertirse en persona (1961).
– Sobre el poder personal (1979).



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